El dinero o la vida

Recientemente escuche un relato en el cual un hombre entraba a un lugar con una mascara sobre su cara y un arma de fuego, al estar ahí dentro tomo por la fuerza a otra persona (la cual según se podía observar era una persona de buena posición económica) y mientras le sometía apuntándole con el arma a su cabeza, le gritaba ¿¡El dinero o la vida!? A lo cual el hombre que yacía en el piso no respondía palabra, el hombre armado nuevamente le insistió ¿¡El dinero o la vida!? Y este seguía sin responder, una vez más pero esta vez colocando el frío cañón de la pistola sobre su nuca le gritó ¿¡El dinero o la vida!? A lo cual el hombre que estaba en el piso le dijo: no puedes esperarte lo estoy pensando…

Hay muchas ocasiones en la cuales parece ser que nuestra vida se ve resumida a aquellas cosas que podemos obtener, el Señor Jesús nos dijo que la vida de un hombre no depende de la cantidad de bienes que uno posee, creo que como ministros, hoy más que nunca debemos aprender a vivir dependiendo del favor de Dios, ciertamente el dinero es un bien a través del cual muchas cosas en la vida pueden resultar más fáciles, pero entendamos que el problema no radica en el dinero como tal, si no en nuestra actitud hacia el, ¿Cuántas veces no escuchamos de familias o matrimonios desintegrándose por causa de querer obtener más dinero, gente teniendo infartos y múltiples enfermedades por el deseo de adquirir mas, cuando en realidad nos olvidamos que si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican.

El Señor nos hace una clara advertencia respecto de la responsabilidad que tenemos como buenos mayordomos de su gracia.

Mateo 6:25-34
25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.