Nuestro Deber Sacerdotal
Por Samuel Vázquez

Han pasado ya muchos años desde el tiempo en el cual el pueblo de Israel peregrinaba en el desierto, en este tiempo Dios determino hacer su morada en medio de los hombres, estableciendo su tabernáculo como el lugar donde su presencia moraría entre su pueblo, en este periodo Dios escogió un grupo de hombres para que le ministrasen y ofreciesen los sacrificios del pueblo en honor al Señor, este grupo “selecto de hombres” fue conocido como los sacerdotes.

Hoy casi 2000 años después de que el Señor Jesucristo se entrego como ofrenda por todos nosotros y que él mismo se presento delante de la presencia de Dios, para ofrecer su propia sangre en rescate por todos nosotros nos encontramos ante un gran desafío, la palabra de Dios nos enseña que así como en la antigüedad existió el orden sacerdotal así de la misma forma pero en diferente pacto nosotros hemos sido constituidos un reino de sacerdotes al Servicio de Dios nuestro Padre.

Ahora si la escritura enfatiza que somos sacerdotes, también es necesario que entendamos que debemos de cumplir con aquellas actividades propias de un ministerio como este, es decir, en la antigüedad los sacerdotes ofrecían sacrificios (becerros, machos cabrios, etc.) cada sacrificio debía de cumplir con ciertas características para ser aceptado (machos, sin defecto, etc.) y si bien ahora nosotros no necesitamos ofrecer más sacrificios en la forma en la cual se ofrecían, si es importante entender que dado nuestro ministerio sacerdotal no estamos exentos de ofrecérselos al Señor.

El Apóstol Pablo nos enseña en su carta a los romanos en el capitulo 12 verso 1 lo siguiente:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

Fíjate bien lo que dice: “que presentéis” ¿Quién lo va a hacer? Yo, es decir él apóstol da por hecho el que tú y yo entendamos que Cristo nos ha constituido como sacerdotes ante Dios, ahora el continua hablándonos de las cualidades (bajo este nuevo pacto) que deben de tener los sacrificios que tú y yo ofrecemos a Dios.

A la luz de la palabra de Dios nuestros sacrificios (ahora que vivimos bajo la gracia y no bajo la ley) deben de ser:

  1. Vivo: es decir, antes (según el orden sacerdotal del tabernáculo) el animal se debía sacrificar, ahora sabemos que Cristo nuestro cordero pascual ha sido sacrificado y que su sacrificio a sido suficiente para cubrir nuestros pecados, de manera que ahora la ofrenda no debe morir sino que todo lo contrario se debe ofrecer vivo ante Dios, y el Señor Jesucristo nos dejó en su palabra la “clave” para presentarnos vivos delante de Dios, el dijo “el come mi carne y bebe mi sangre tiene realmente vida…” es decir es a través de una genuina comunión con el Señor que podemos presentarnos como vivos entre los muertos. Cuida tu relación con el Señor, aviva esa relación incrementa tu nivel de intimidad con Dios.

  2. Santo: respecto de esta característica parece haberse ya dicho todo, aunque en realidad en muchos casos tenemos un concepto muy pobre respecto de la santidad, en muchos lugares le he preguntado a la gente que es santo (detente un momento te hago a ti también la pregunta), generalmente las respuestas son: apartado, sin relación con el pecado, limpio, etc. Y estas respuestas están bien pero en muchas ocasiones estos conceptos aun dejan un vacío en nuestro interior, en una ocasión le pregunte al Espíritu Santo ¿Señor, que es ser Santo? Y el Señor me respondió Santo es aquel que participa de mi naturaleza y de mi carácter siempre. De manera que si deseamos que nuestro sacrificio sea aceptado por Dios, la Santidad no es algo que deba de tomarse a la ligera o encajonarse en solo unas horas a la semana, la Santidad es un estilo de vida que adquirimos al caminar con Dios.

  3. Agradable a Dios: esta característica la puedo definir con una sola palabra, la cual pareciera que en algunos casos se ha perdido en el desarrollo de nuestro servicio a Dios, y esta palabra es: Calidad, debemos entender que no porque ahora vivamos bajo la gracia podemos darle al Señor lo que nos sobra o lo que no sirve, es tiempo que entendamos que Dios es digno de recibir lo mejor de nuestras manos, lo mejor de nuestro esfuerzo, lo mejor de nuestras capacidades, él es Dios.

Así que amigos, busquemos con todo nuestro ser, ejercer nuestro sacerdocio como a Dios le agrada, como él es digno, esfuérzate y sigue adelante en la obra del Señor que su palabra nos dice:

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
1 Corintios 15:58

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